En la historia de Maranello, existen autos que ganan carreras y otros que definen la identidad de una marca. El Ferrari 166 MM hizo ambas cosas. Nacido a finales de los años 40, este modelo no solo consolidó a la joven Scuderia de Enzo Ferrari como una potencia mundial, sino que también introdujo conceptos estéticos y terminologías que hoy, más de siete décadas después, siguen siendo pilares del diseño automotriz.
El Corazón: La Sinfonía de los 12 Cilindros
El nombre “166” no es fruto del azar; responde a la tradición de Ferrari de nombrar a sus motores por la cilindrada unitaria de cada cilindro. Multiplicando 166 cc por sus 12 cilindros, obtenemos los casi 2.0 litros (1.995 cc) de cilindrada total.
Bajo el capó descansaba el célebre V12 diseñado por Gioacchino Colombo. Un motor de aleación ligera que, en su configuración MM, entregaba unos 140 CV. Si hoy esa cifra parece modesta, en 1948, montada sobre un chasis tubular que apenas rozaba los 650 kg, convertía al 166 MM en un proyectil capaz de alcanzar los 220 km/h, superando a casi cualquier competidor de su época.

La Mille Miglia y el Bautismo de Fuego

Las siglas “MM” son un homenaje directo a la Mille Miglia, la carrera de resistencia más prestigiosa de Italia. Tras el éxito del 166 S, Enzo Ferrari lanzó esta evolución para dominar las rutas abiertas. El impacto fue inmediato: en 1949, el 166 MM logró una hazaña histórica al ganar las tres pruebas más importantes del calendario: las 24 Horas de Le Mans, las 24 Horas de Spa y, por supuesto, la Mille Miglia.
Fue precisamente en el Salón de Turín de 1948 donde nació un término icónico. Al ver la carrocería abierta y minimalista diseñada por Touring Superleggera, el periodista Giovanni Canestrini exclamó: “¡Pero si esto no es un coche, es una barchetta (barquita)!”. Desde entonces, el término “Barchetta” define a los deportivos biplazas abiertos de altas prestaciones.

Un Lienzo para los Maestros Carroceros
Aunque las versiones Barchetta de Touring son las más recordadas por su éxito deportivo, el chasis 166 MM fue un lienzo en blanco para los mejores carroceros italianos.
- Vignale: creó algunas de las versiones Berlinetta (cerradas) más elegantes y audaces, con detalles cromados y líneas que anticipaban la era de los Grand Turismo.
- Ghia y Zagato: también aportaron sus visiones, haciendo que cada una de las 46 unidades fabricadas sea, en la práctica, una pieza única de escultura rodante.
¿Dónde ver una joya igual hoy?
Debido a su valor astronómico (que suele superar los 5 millones de euros en subastas) y su extrema rareza, encontrar un 166 MM fuera de colecciones privadas es un privilegio. Sin embargo, existen santuarios donde los entusiastas pueden admirarlos:

- Museo Enzo Ferrari (Módena, Italia): Habitualmente cuenta con una unidad en su exposición “Roaring 50s” o en el taller original de Alfredo Ferrari, restaurado dentro del predio.
- Museo Ferrari (Maranello, Italia): En la sala dedicada a las victorias en competición, suele exhibirse alguna de las unidades ganadoras de la Mille Miglia.
- Museo Louwman (La Haya, Países Bajos): Posee una de las colecciones de autos clásicos más importantes del mundo, incluyendo ejemplares de los primeros años de Ferrari.
- Petersen Automotive Museum (Los Ángeles, EE. UU.): Frecuentemente incluye un 166 MM Barchetta en sus exhibiciones dedicadas a las joyas del diseño italiano.

El Ferrari 166 MM no es solo un auto de colección; es el testamento de una época donde la ingeniería mecánica y el arte de la carrocería se fusionaron para crear el mito del Cavallino Rampante. En Nostalgia Autos Clásicos, celebramos estos legados que, lejos de envejecer, se vuelven eternos.

